viernes, 5 de junio de 2009

martes, 2 de junio de 2009

Feministas y Feminazis

Hola, amiguitos animales.

Hoy vamos a hablar de un curioso fenómeno social que he venido observando en los últimos años. El neo-feminismo.
Con esto no me refiero al movimiento social surgido en el siglo XIX y resurgido de nuevo hacia la década de los 60-70, en el que las mujeres, con toda justicia, reclamaban igualdad en el trato, en el voto, en el trabajo, libertad en el vestir y la no discriminación en general.
Mujeres auténticamente transgresoras que hicieron algo por las que vinimos después.

No.

Hoy vamos a hablar de las nuevas feministas. Las que son consideradas superwomen por sus coetáneas.

Antes de empezar, voy a hacer un par de avisos:
  1. Soy una mujer de casi 30 años económicamente independiente que trabaja en un curro destinado mayoritariamente al elenco masculino (consultoría financiera), al menos de momento. De hecho, soy la única mujer de mi departamento.
  2. Tengo 2 títulos universitarios y hablo 2 idiomas, que podrían ser 4 tranquilamente, pero soy humilde, conozco mis límites y no me gusta mentir xD
  3. Tengo pareja estable desde hace unos años y mi vida sexual es divertida y abundante.
  4. Soy heterosexual.
  5. No voto a la derecha. Ni a la izquierda. De hecho, no voto.
  6. No profeso ninguna religión ni creo en dios alguno (salvo, tal vez, Odín xD)
  7. Creo firmemente en la igualdad de sexos de facto.
  8. Considero el sentido de la justicia y la gratitud como las mejores virtudes que una persona pueda tener en su haber.

Explico todo esto porque voy a escribir cosas que probablemente duelan. No voy a tener piedad con los comentarios ofensivos que posiblemente reciba a raíz de este post (ni yo ni Luisín ni Juanen), así que ateneos a las consecuencias. Dicho esto, empecemos.

Considero feminismo y machismo las dos caras de una misma moneda: ambos pugnan por la superioridad de uno de los sexos frente al otro. La igualdad es una falsa creencia que el neofeminismo nos intenta hacer creer. La discriminación positiva es una de las pruebas más fehacientes: ¿Por qué la ley de violencia de género protege más a las mujeres? (violencia de género, por cierto, es un término incorrecto) ¿Por qué no se puede despedir a una mujer embarazada pero sí al marido de esa mujer embarazada? ¿Por qué no se tiene en cuenta a los hombres maltratados por sus mujeres, que los hay? ¿Por qué ahora la violencia de género se llama violencia machista? La respuesta es muy simple: discriminación positiva.

En la mente tumefacta de estas feminazis, todos los hombres son unos maltratadores en potencia a los que hay que tener a raya. Todos los hombres son unos cabrones hijos de puta que sólo quieren follarte y tenerte anclada a la cocina de por vida, a los que, si les das la mano, te cogerán el brazo.

Según ellas, las mujeres somos puras y perfectas, inteligentes, trabajadoras, sufridoras y, por supuesto, subordinadas al macho falócrata opresor.

Pero volvamos a la discriminación positiva. Esto, amigos míos, no es más que una pantalla de humo para los verdaderos problemas de las mujeres de hoy en día. Estos problemas son cosas como los famosos 'techos de cristal', la práctica inexistencia de la conciliación familiar y laboral (tanto para hombres como para mujeres, ojo), el hecho de que es cierto que los sueldos de los hombres son mayores, y el mobbing al que muchas mujeres son sometidas después de un embarazo para que deje la empresa. Aparte, por supuesto, de la violencia doméstica.

¿De quién es la culpa, Jiza? ¿De quién?, preguntaréis mesándoos los cabellos.

La culpa es de las propias mujeres. Sí, sí. Porque no existe una auténtica lucha por la igualdad de sexos. La supuesta lucha por la igualdad no es más que una maniobra de los políticos de turno que complacen a las masas aborregadas con las gilipolleces como la discriminación en el lenguaje (¿va a haber que inventarse una nueva conjugación para el plural mixto? nuestro idioma no es machista, ES ASÍ y punto, cojones), con el tema de la 'violencia machista' (muy bonita maniobra, sí señor, las mujeres jamás han maltratado a nadie, nunca), y con la lenta pero segura concienciación popular de que los hombres son todos tontitos y las mujeres perfectas.

Sí, sí. Decidme, aparte de Patricia Conde, ¿cuántas mujeres salen por la tele haciendo de tontas? ¿Cuántos hombres? Por cierto, ahora que menciono a Patricia Conde, me han llegado a decir que deja en mal lugar a las mujeres por salir por la tele haciendo de tonta. Pero estoy segura de que si fuera Ángel Martín el que saliera haciendo de tonto nadie protestaría.

Además opino una cosa. Si una mujer es maltratada una vez, es culpa del maltratador. Pero si esa mujer no acude acto seguido a la policía a cascarle una denuncia y se aleja de ese hijo de puta, la culpa es SUYA. Porque hoy en día una mujer no tiene ningún motivo para seguir al lado de un hombre si no quiere. Existen los divorcios y los trabajos. Existen guarderías para dejar a los niños. Y en definitiva, existen numerosos pisos de alquiler, albergues de acogida, casas de familiares y/o amigos que sin duda no tendrán inconveniente en acogerlas hasta que encuentre otro sitio para vivir.

Pero bueno, en cualquier caso el maltrato doméstico es un tema, afortunadamente, residual si nos fijamos en las estadísticas. Lo cual no quiere decir que esas mujeres estén sufriendo. Simplemente opino que muchas sufren porque quieren. Por muy duro que sea armarse de valor y denunciar a un maltratador, seguramente es más duro vivir amenazada de muerte y con marcas en la cara.

Pero vamos, es sólo una sugerencia. Igual las hay que prefieren esa vida. En mi caso, si sufriera un solo maltrato, iría a la comisaría ipso-facto, y después a casa de mis padres. Pero bueno, igual es que yo soy una persona sensata, educada en la auténtica igualdad de sexos.

Hubo un caso, creo que lo contaba Pérez-Reverte, de una mujer que era maltratada por su marido. Una noche, el marido se despertó y se encontró a su mujer sentada en la cama, mirándole. Ella le dijo: "si alguna vez vuelves a tocarme, te cortaré el cuello mientras duermes". Y al parecer el marido no la volvió a tocar.

Eso es una mujer con todas las letras, y no lo que nos venden los medios. Porque al final, lo que nos venden los medios no son mujeres fuertes e independientes. Sino mujeres débiles que, pese a todo su potencial, necesitan la protección de papá estado.

En el caso del trabajo y la conciliación... Considero que queda mucho por hacer. Existen los techos de cristal. Existe la discriminación, tanto positiva como negativa. En la empresa en la que trabajo, había UNA mujer entre la cúpula directiva, a la que todos ponían como ejemplo con orgullo, como mujer trabajadora, guapa (y de verdad era guapa), de éxito, con hijos y triunfadora. La susodicha abandonó la empresa hace unos meses porque no podía pasar tiempo con sus hijos.

El problema es que, efectivamente, las mujeres no han sabido conciliar. Ni las empresas tampoco, no les quito su parte de culpa. Las mujeres trabajan las mismas horas que los hombres, llegan a casa y están los niños dando guerra. Las mujeres, en su mayoría, hacen casi todas las labores, aunque los hombres se estén esforzando por cambiar. Y aquí viene lo de la justicia y la gratitud que comentaba más arriba. Los hombres SÍ trabajan en las tareas de casa. Y se esfuerzan, igual que las mujeres. Una familia va en el mismo barco, y si una mujer no es capaz de hacer que su marido/pareja haga las labores del hogar a partes iguales con ella, entonces no es culpa del marido, hija mía. Ni de la suegra, que le educó en el machismo fascista franquista. Es culpa TUYA. Porque tú también trabajas y tú también llegas cansada a casa. Pero alguien tiene que hacer la cena y bañar y acostar a los niños. ¿Qué tal establecer un sistema de turnos? ¿qué tal hablar las cosas como personas civilizadas del siglo XXI?

Y otro de los grandes problemas de las feminazis: las relaciones de pareja. Sexo en Nueva York, una de las series más vergonzosas, pijas y superficiales que he visto en mi puta vida, ha hecho mucho daño en este sentido. Porque todas vais de independientes, de duras, de modernas, desenfadadas y sexualmente liberadas, pero TODAS esperáis que vuestro hombre os invite a cenar, os declare amor eterno con un anillo de diamantes y os lleve a comprar ropa de lujo en un viaje romántico a París.

Amigas mías, eso tiene un nombre, y se llama MACHISMO. Del más rancio, además. Porque en el fondo, muchas mujeres (de esas que se enorgullecen de su exitosa carrera profesional, su libertad y su desenfado) aspiran a que aparezca el príncipe azul que además de guapo, triunfador y millonario sea una bestia en la cama, haga realidad todos sus deseos, las retire y las convierta en mujeres florero. Y de paso, que les dé una pequeña camada de niños monísimos, rubios, de ojos azules y obedientes.

Me hacen mucha gracia estas feminazis. Sobre todo cuando me llegan a mí, que SÍ trabajo y lucho en un mundo de hombres, a decirme que no creo en la lucha de las mujeres. Vivís en el mundo de la piruleta, esquina de la calle de las gominolas. Sobre todo cuando salen a la calle a protestar el 8 de Marzo, día de la mujer trabajadora, y luego vuelven al cubil a dejarse explotar, como muy bien dice la Rubia. Y cuando dicen "compañeros y compañeras", y cuando cuentan chistes "feministas", y cuando hacen anuncios en los que el hombre queda como un auténtico incompetente.

Y sobre todo, cuando exaltan todas las cosas que una mujer es capaz de hacer a lo largo del día (ver anuncio de Rexona en youtube para más señas): trabajar, ir al gimnasio, salir a cenar... Cosas que cualquiera puede hacer, sea hombre o mujer. Pero en una mujer queda súper moderno, súper neoyorquino, súper guay y súper feminista y comprometido con los problemas de las mujeres de hoy.

Son mujeres que probablemente no necesiten esa lucha porque les da igual. Porque su marido las mantendrá llegado el momento en el que puedan hacerlo.

Adoptando esa actitud sólo imitáis lo que más odiáis de los hombres. Os volvéis iguales que ellos.

La igualdad de sexos se consigue con respeto y comprensión mutua, no con propaganda electoral estúpida ni con un ministerio de igualdad. Se consigue educando a los niños en este respeto y esta comprensión.

Me gustaría trabajar en ese ministerio, por cierto. No deben dar palo al agua.